| «Claraboya es el regalo que los lectores de Saramago se merecían» Pilar del Río
Traducción de Pilar del Río. Saramago tenía treinta y un años cuando entregó el manuscrito de Claraboya a una editorial. No obtuvo respuesta hasta cuatro décadas más tarde, cuando ya era un escritor consagrado, y entonces rechazó su publicación con un escueto «ahora no, gracias». El tiempo ha hecho justicia a la novela: estas páginas contienen todas las virtudes de su voz narrativa, llena de frescura y capacidad transgresora, así como también la fuerza de sus personajes y los temas que desarrollaría plenamente en su madurez. Claraboya nos invita a recorrer un vecindario de Lisboa a mediados de los años cuarenta. Puerta a puerta, nos adentramos en un laberinto de sueños, mezquindades y amores prohibidos, donde el peso de las apariencias aviva el fuego de los deseos ocultos y la familia es a menudo cómplice de grandes infamias. «La única compensación estaba en el amor, no en el amor obligatorio del parentesco, tantas veces un fardo impuesto por las convenciones, sino el amor espontáneo que de sí mismo se alimenta.» |