| «Este texto principal, al que se han añadido los pasajes purgados por la censura (...) ofrece al lector la posibilidad de admirar un monumento literario único de toda una época.» Ilyá Altman
Traducción de Jorge Ferrer. Los testimonios sobre las atrocidades alemanas comenzaron a aflorar de todos los rincones de los territorios recién liberados por el Ejército Rojo. Testimonios directos, cartas, relatos sobre un horror organizado, fusilamientos, fosas comunes, campos de exterminio levantados en apenas unos días. El libro negro debía haber sido presentado en Núremberg como documento exhaustivo para delimitar culpabilidades y marcar a los verdugos. Pero Stalin prohibió su publicación. Y es que aunque muchos rusos se jugaron la vida para proteger a los judíos, otros miles colaboraron con los nazis e incluso se sumaron con entusiasmo a su aniquilación y al expolio de sus propiedades. El libro negro vivió su propia odisea editorial, con ediciones parciales en Occidente. La verdad, con todos sus siniestros matices, puede ser leída hoy sin censura ni cortapisas como lo que es: el documento más completo e impresionante sobre el genocidio hebreo en el este de Europa. |