Su libro muestra un auténtico catálogo de ideas ingeniosas. ¿Puede decirse que, durante mucho tiempo, la inventiva ha contrarrestado la falta de medios en nuestro país?Suena a topicazo, pero es cierto. Somos un país de gran inventiva pero pocos medios materiales y tecnológicos. A pesar de la frase de Unamuno “que inventen ellos”, los españoles batimos récords de invenciones, eso sí, no patentadas. Hacemos trapicheos, somos ingeniosos, espabilados, ocurrentes… otro asunto es si sabemos como canalizar todas esas ocurrencias. Aquí ya fallamos un poco más, en la parte organizativa y productiva. Aunque últimamente nos ha tocado espabilar, e incluso estamos exportando el Made in Spain.
¿Valoramos suficientemente el diseño de las cosas sencillas? ¿O tal vez estamos demasiado acostumbrados a ellas?
No quiero ser exagerado, pero realmente creo que todo cuanto nos rodea está diseñado (bien o mal), absolutamente todo, menos los árboles. Sin embargo no nos damos cuenta, no somos conscientes de ello, y eso me parece muy positivo. De hecho solo nos fijamos en el diseño de algún objeto, cuando éste no funciona. Entonces es cuando decimos, esto está mal diseñado, un interruptor que no va, un taburete que se cae, el grifo que gotea, etc. El diseño es una disciplina modesta que cuando funciona apenas es evidente. De todas formas la gente cada vez sabe más y se está volviendo más exigente en cuanto a la calidad de los diseños que compra.
¿Qué objetos cotidianos sería conveniente rediseñar?
Tengo una lista muy grande que daría para otro libro, mucha gente se queja de cosas que no funcionan: el mando a distancia que no se entiende, la tetera que te quema, las pinzas de freír que no sujetan bien, el móvil que no se teclea bien, la aceitera que gotea, el retractilado del CD que se acaba rompiendo con los dientes, la lámpara que da calor y que deslumbra, el reloj donde no se ve la hora, etc.…
Incluso los productos buenos también pueden rediseñarse y mejorarse en algún u otro aspecto. Casi no hay objetos perfectos.
¿Y cuáles deberían quedarse tal y como están?
Creo que hay una serie de objetos que podríamos considerar clásicos del diseño: el chupa-chups, el boli Bic... es muy difícil superar la forma de un anzuelo, de un peine, o de un cuchillo. Y mejor aceitera que la de Marquina, lo dudo mucho. Sin duda el clip es imperecedero: 15 centímetros de alambre inteligentemente doblados, genial, ni más ni menos.
Pero aún y así siempre pueden modificarse o especializarse.
Made in Spain nos descubre las pequeñas historias que se ocultan tras marcas muy conocidas. ¿Por qué se suele ignorar el lado humano del diseño, frente a sus aspectos más técnicos y comerciales?
Porque vivimos en una sociedad de consumo feroz, y por tanto los valores principales son los comerciales. La propaganda se encarga de difundirlo, todo bajo un punto de vista del marketing feroz y directo. Pero también hay una generación de nuevas pequeñas empresas, que están descubriendo que el consumidor, o mejor dicho el usuario de una marca, también puede sentir una empatía por los orígenes de un producto, su historia, su lado más humano y social, sus objetivos sociales y vicisitudes…
También contiene valiosos consejos, como el que el fundador de Lotusse le dio a su hijo: “sólo márcate metas que te permitan disfrutar del camino”. ¿Cree que hoy en día ese espíritu sigue vigente, en general?
Creo que no, que las grandes multinacionales deciden solo según su cuenta de explotación, les importa un carajo el disfrute de nadie. Pero sin embargo, curiosa y afortunadamente subsisten empresas de tipo familiar, que han sabido capear el temporal de la globalización a base de autenticidad y cariño. Ojo, no es que sean tontos ni románticos, buscan también ganar dinero, simplemente tienen unos valores más sólidos, incluso arraigados a su origen y de carácter ético, que les dan una fuerza extra en el mercado. Es una esperanza: es posible funcionar empresarialmente siendo honesto. Pero añadiría que eso es proporcionalmente inverso al tamaño de la empresa.
¿Puede hablarse de una forma de creatividad propia del diseño español?
Puede, pero cada vez es menos cierto. Así como podíamos ver muchos rasgos propios durante la tardía y desigual industrialización del país, ahora nos asemejamos más al resto de Europa y del mundo occidental. Aún y así a mí me gusta ver rasgos sutiles diferenciadores: somos creadores individualistas, nos gustan las formas más orgánicas, nos atrevemos con los colores vivos y las formas gestuales, buscamos productos multifuncionales y versátiles, no utilizamos alta tecnología, sino solo la necesaria… basta ver nuestros muebles, el calzado o la moda, los califican de “frescos”. Y por supuesto están los clásicos folclóricos, esos son inmutablemente hispanos.
Usted afirma que ojalá el fusil CETME no hubiera tenido cabida en su libro, pero que forma parte de nuestra realidad. ¿Debería existir un código ético del diseño?
No soy ingenuo, sé que las armas han sido durante toda la historia de la humanidad el principal motor económico y uno de los acicates de la tecnología, que después se usa en la vida cotidiana. Aún está muy lejos el día en que no sea necesario fabricar armas. Pero sí estoy convencido de que ese día llegará. La sociedad bélica representa un estadio primitivo de la humanidad. La industria armamentística debe ir quedando relegada exclusivamente a la defensa y con controles muy rigurosos. Mientras tanto, sí que es posible una “objeción” de conciencia a ciertos diseños. Las asociaciones de diseñadores se han sumado a iniciativas donde se rechaza el diseño de armas, instrumentos de tortura, productos contaminantes peligrosos, y no trabajar para empresas contaminantes, mafias, etc. Starck por ejemplo se niega a trabajar para empresas de bebidas alcohólicas o tabaco.
Entre los objetos que han quedado fuera del libro, ¿podría citar algún desastre que no merezca figurar en Made in Spain?
Hay muchos productos de los años 60 y 70 que son auténticos plagios. Muchos empresarios españoles iban a Ferias extranjeras y cogían folletos o hacían fotos y luego en España lo reproducían “introduciendo algunas peoras”, porque todo era más delgado y endeble, de menor calidad. Algunos radiadores se incendiaban, sillas plegables que se chafaban, motos que se iban desmontando con la vibración,… Pero aún y así estos objetos también tenían su gracia. Hoy ya no subsiste ninguno.
¿Habrá, como apunta en el prólogo, una segunda parte?
Seguro que sí, primero porque han quedado muchos productos fuera, pero sobre todo porque existe mucha curiosidad sobre el entorno material que nos rodea. La gente cada vez es más curiosa por saber cómo es el universo de los productos que usa cotidianamente, quién los hizo, cómo se fabrican, cuánto se venden… También es muy probable que otras personas hagan sus propias listas, o que surjan ideas para un libro solo sobre la comida, o sobre la ropa, o juguetes. También tengo en mente otro sobre productos que ya no existen pero que marcaron una época, etc. Yo en éste he intentado hacer una mezcla actual de todo, pero el tema objetual da juego para muchos libros y perspectivas diversas a la mía.
Muchas gracias.
¡A vosotros!