El regreso del Eduardo Mendoza más descacharrante

Había anunciado su retirada de la ficción, pero Eduardo Mendoza ha decidido regresar con una novela que suma tres casos simultáneos y nueve detectives chiflados. Una obra divertida, desacomplejada y, aunque parezca increíble, más cercana a la realidad de lo que parece a simple vista.

 

TRES ENIGMAS PARA LA ORGANIZACIÓN (Eduardo Mendoza)

La Barcelona de 2022 es una ciudad de contrastes (es decir, de diferencias sociales abrumadoras) y oportunidades (para quien sabe moverse en el territorio acotado por el turismo, la precariedad y la picaresca). Entre la niebla burocrática estatal sobrevive un ente secreto creado en 1944, en pleno franquismo.

Se la conoce como la Organización y opera en un limbo legal y sin apenas respaldo económico. Sus integrantes, atrapados entre el idealismo chapucero y la huida hacia adelante, se creen detectives de novela. Y lo son, pero no del género literario que ellos suponen. Están más cercanos a Mortadelo que a James Bond.

Los agentes de la Organización son personajes de otro tiempo, que deambulan por un mundo que les es cada vez más ajeno. Meten la nariz donde nadie les llama y son bastante creativos como investigadores. No tienen redes sociales. Ni siquiera móviles. Para comunicarse solo usan el fax, siempre a salvo de los jóvenes hackers, que ni siquiera han llegado a oír hablar de ese instrumento.

El detonante de esta historia, lo que motiva que los protagonistas se pongan en marcha, es triple. Aparece un cuerpo sin vida en un hotel cochambroso de Las Ramblas. En segundo lugar, desaparece de su yate un millonario británico. Y, por último, está el misterio financiero que encierra la empresa conocida como Conservas Fernández. No se sabe si son tres patas de una misma mesa o sucesos independientes. La respuesta solo está al alcance de los más audaces. Y si estos no comparecen, siempre quedan los pobres diablos de la Organización.

Mientras el lector ríe ante los enredos protagonizados de estos agentes del caos, Mendoza nos lanza reflexiones como esta: «El tiempo pasa con increíble celeridad y, si uno ha sabido enriquecer su entendimiento con lecturas sustanciosas, viajes instructivos y serenas reflexiones, al final recibe la recompensa del sabio, que consiste en comprobar que todo lo aprendido es inútil, que toda experiencia es tardía y que toda vida es de una vulgaridad sin paliativos».

Eduardo Mendoza ha declarado que hablaba en serio cuando anunció su intención de retirarse. Pero se puso a escribir por placer, en tono paródico, con la intención de pasar el rato. Así surgió el humor desatado de esta historia que, por fin, ha visto la luz: «pensé que esta novela no existiría, lo hacía solo para divertirme yo. Así que daba todo igual».

Tres enigmas para la Organización gustará tanto a los lectores lo suficientemente veteranos como para saber quién fue el radiofónico Taxi Key, como a los que entraron en la órbita de Mendoza con El misterio de la cripta embrujada; incluso sorprenderá a quienes tuvieron La verdad sobre el caso Savolta como lectura obligatoria de algún plan de estudios, o a aquellos que solo han oído hablar de Sin noticias de Gurb sin haberlo leído nunca.

 

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) ha recibido, entre otros, el Premio de la Crítica de narrativa castellana, el Premio Ciudad de Barcelona, el Premio Fundación José Manuel Lara, el Premio Planeta, el Premio Cervantes, el Premio Liber, el Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Cataluña y el Premio Franz Kafka. Poca broma.