Celebrando a Eduardo Mendoza con 6 novelas imprescindibles
Por su maestría literaria inconfundible, Eduardo Mendoza vuelve a ser galardonado, esta vez, con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025. Para celebrarlo, recordemos sus grandes obras, pero también aquellas que no han merecido toda la atención que se merecen. Si bien es cierto que cualquier libro del autor es una buena recomendación, echémosle un vistazo a esta selección.
La ciudad de los prodigios (1986)
La Barcelona que sucede entre las dos Exposiciones Universales (1888 y 1929) es, no solo un personaje de la novela, sino su real protagonista. Mendoza escribe la historia de cómo la ciudad se construye una identidad propia, convirtiéndose en el objeto de todas las miradas, admirada y referenciada. La narración traslada su esencia a través de su protagonista Onofre Bouvila, a quien vemos dar un giro a su vida por completo: de vendedor ambulante de crecepelo a un magnate de los negocios.
Una sátira picaresca y digna del esperpento de Valle Inclán, que mezcla perspectivas realistas con los mitos de la ciudad, dotando el relato de una grata dimensión lúdica.
Sin noticias de Gurb (1990)
Gurb el extraterrestre se pierde por Barcelona encarnado en Marta Sánchez, la forma humana que adopta para pasar desapercibido por la ciudad. La novela se lee como un diario personal del alienígena, que destapa la cotidianidad de la vida urbana a través de la mirada de este personaje forastero.
Es una de las narraciones de Mendoza más frescas, de aquellas que se leen en un suspiro. Además, realza la experiencia con un prólogo ingenioso, ilustraciones y la “Guía de lectura”, compuesta por material didáctico y una sección especial para clubs de lectura.
Una comedia ligera (2000)
El verano de 1933, en la posguerra de Barcelona. En este panorama, la historia se construye con dos hilos argumentales paralelos que se cruzan y se intercalan a criterio del autor: la carrera artística de un comediógrafo que ha quedado desfasado, y la irrupción de un crimen y su consiguiente investigación policial.
Mendoza transmite la escena cultural mediante referencias cinematográficas y mezclando en la propia narración géneros literarios, a la vez que, con su afilada experiencia en la construcción de intriga y misterio, consigue un retrato de la época mezclando lo mejor de los dos mundos.
El año del diluvio (2001)
Mendoza construye el personaje de Sor Consuelo, una monja que dirige un cochambroso hospital, para que protagonice esta novela. Para hacer resurgir el centro de sus ruinas, la mujer acude al cacique de San Ubaldo de Bassora, sin encontrar en él una tentación seductora. A partir de esto, el relato se revela como una historia de “amores violentos y amores imposibles” que pone a prueba la fuerza de las convicciones humanas.
Del texto podemos esperar gran variedad de registros, fusionados con su inconfundible soltura narrativa, para pintar una escena rústica y sombría, un ambiente distinto a la predilección del autor por la ciudad, más concretamente, Barcelona.
Riña de gatos, Madrid 1936 (2010). Novela ganadora del Premio Planeta.
El crítico de arte Anthony Whitelands llega en tren a Madrid para autentificar un cuadro de la colección de un particular amigo de Primo de Rivera. En la primavera de 1936, el valor de esta pieza desconocida podría desencadenar un cambio político determinante en la historia de España. Pero el trabajo del inglés se verá interrumpido por aventuras amorosas con mujeres de clases sociales distintas, a la vez que es perseguido por policías, diplomáticos, políticos y espías.
Sumida en un clima de conspiración y tragedia, la historia disfruta de una narrativa excepcional con la que Mendoza introduce de la forma más sutil ese sentido del humor que lo caracteriza para lograr un balance perfecto. No por nada fue la novela ganadora del Premio Planeta 2010.
El secreto de la modelo extraviada (2015)
Otro capítulo en la trayectoria de este detective que ya conocemos por El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y El enredo de la bolsa y la vida, recuerda un caso irresuelto y archivado sobre una mujer asesinada y, como no, lo reabre. En este caso, el acusado de asesinato era él. “Por supuesto, sin razón: una modelo no haría caso a un tipo como yo ni asesinándola. Simplemente, había un oscuro enredo, estaba metida gente importante y pensaron que yo podía servir de cabeza de turco o de conejillo de indias, o como sea que se llame el desgraciado que paga los platos rotos.”
La ironía, el sarcasmo y el humor negro que tanto lo caracterizan permiten al autor tener conversaciones que incomodan a la sociedad barcelonesa del siglo XXI, como la democracia y la censura en los medios de comunicación, temas que entrelaza con el hilo narrativo principal, gracias a la agilidad del gran escritor que es.